Solo ante el peligro
Como anuncié desde aquí hace unos días, el viernes tuve en mi primer arbitraje de consumo. El asunto fue mucho más breve de lo que me esperaba.
No esperaba que La Más Grande se presentara, que para eso es una estrella, pero sí que enviase a alguno de sus acólitos. Ni se dignó a hacerlo. La presidenta me dijo que en estos casos solían presentar un escrito de alegaciones, pero tampoco se molestaron.
Yo me fui con el móvil de la disputa (un motorola W220) en cuestión para entregárselo al gigante azul (IBM antes recibía ese apelativo, pero hoy en día me parece más apropiado para movistar). Pero no tuve la ocasión. Tampoco creo que lo hubiesen aceptado, pero por si acaso.
La resolución, aproximadamente en un mes mediante correo certificado. Ya os contaré qué me dicen. No albergo muchas esperanzas de que me vayan a devolver la pastarraca que me sacaron en concepto de injusta penalización, pero he querido llegar hasta el final en cualquier caso.
Me sorprendió lo grande y moderno que es el lugar en el que se celebran los arbitrajes, pero también lo desolado que estaba.
Ésta es una imagen que capté con Nokia E65 de la sala de espera.
Mi prima, que trabaja para una asociación de consumidores, me explicó que mi presencia era un derecho, pero no una obligación. Es decir, que el arbitraje se iba a celebrar incluso aunque ninguna de las partes (reclamante y reclamado) no estuvieran presentes. Aún así no me lo quise perder.
Opino que nos quejamos demasiado, pero a la hora de la verdad muy pocos son los que llegan (o en este caso llegamos) hasta el final. Pues nada, a esperar a ver qué decide el Ayuntamiento de Madrid.
Por cierto, desde hace unos minutos movsistar me ha deshabilitado la línea. Ya debo ser cliente de Orange y mañana seguiré disfrutando de mi número con esta nueva compañía y mi flamante Nokia N80 de color negro.


Se trata de un 
